El matcha no es un té que se infusiona y se retira: es la hoja entera molida en polvo, así que te la bebes toda. Por eso la calidad del polvo, el agua y la forma de batirlo cambian tanto el resultado. Estos son los pasos que seguimos en la barra.
Lo que necesitas
- 2 g de matcha (una cucharadita rasa, o dos cucharadas de bambú)
- 70 ml de agua a 75–80 °C (nunca hirviendo: amarga)
- Un cuenco ancho y un batidor de bambú (chasen) o, si no tienes, un espumador eléctrico
- Un colador fino
Paso a paso
- Tamiza el matcha en el cuenco. Es el truco para que no queden grumos: el polvo es tan fino que se apelmaza con la humedad.
- Añade un chorrito de agua y haz una pasta con el batidor. Así se disuelve del todo.
- Vierte el resto del agua y bate en zigzag (de delante atrás, no en círculos) con la muñeca suelta durante 15–20 segundos, hasta que salga una espuma fina de burbujas pequeñas.
- Bébelo enseguida: el matcha se asienta en el fondo en pocos minutos.
Si lo quieres con leche
Prepara el matcha igual con 40 ml de agua y añade 180 ml de leche caliente o fría. Con bebida de avena queda más dulce y cremoso, sin necesidad de azúcar; es la versión que más pedís en nuestro Matcha latte de avena.
¿Ceremonial o culinario?
El ceremonial es de las hojas más tiernas: verde intenso, sabor suave y dulce, ideal para tomar solo. El culinario es más robusto y amargo, pensado para repostería o para mezclar con mucha leche. Si el polvo es amarillento o parduzco, está oxidado.
Cómo guardarlo
Bien cerrado, en la nevera y lejos de la luz. Una vez abierto, lo mejor es gastarlo en uno o dos meses.
¿Prefieres que te lo preparemos nosotros? Pásate por la cafetería o pídelo con tu desayuno desde la carta.

